Mujer emoción

¡Emocionante con la cabeza!

Como mujeres los ciclos de vida y las circunstancias influyen sobre nuestros comportamientos y emociones, sin embargo, lo que no debemos perder de vista es que cada una de nosotras tiene el control de su vida, decide cómo sentirse y qué hacer con lo que pasa.  Controlar nuestras emociones puede ser nuestra arma más poderosa.

Somos mujeres y somos el ser más ma­ravilloso de la creación, pero también el más vapuleado y vulnerable a nuestras emociones. Muchos dicen que si las mujeres fuéramos estambre, viviríamos siempre echas bolas. Por si fuera poco, los medios de comu­nicación durante años se ocuparon de despres­tigiar la connotación “femenina” de las mujeres. Basta con ver la película “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, de Pedro Almodóvar, para entender por qué la sociedad en general piensa en nosotras como histéricas, volubles e impredecibles.

Sin duda los ciclos de vida y las circunstan­cias influyen sobre nuestros comportamientos y emociones, pero hoy más que nunca tú tienes el control de tu vida y tú decides cómo sentirte y qué hacer con lo que te pasa.

He oído infinidad de veces en voces de mu­jeres quejas como “él me enferma” o “el tráfico me pone de mal humor”, y las circunstancias o las personas en realidad no son las que determi­nan cómo sentirnos, ya que nosotras podemos elegir qué hacer respecto a eso y tenemos el gran poder de decidir nuestras emociones, sensaciones y resultados.

Somos pura emoción

La palabra emoción proviene del latín “motere” que significa moverse. Es lo que hace que nos acerquemos o nos alejemos a una determinada persona o circunstancia. Por lo tanto, la emo­ción es una tendencia a actuar, y se activa con frecuencia por alguna de nuestras impresiones grabadas en el cerebro, o por medio de los pensamientos cognoscitivos, lo que provoca un determinado estado fisiológico en el cuerpo humano.

Cada emoción está vinculada a elementos fisiológicos precisos: tanto la respiración como el tono muscular, el pulso cardiaco, la presión arterial, la postura, los movimientos y las ex­presiones faciales, entre otros factores. Las pautas fisiológicas o musculares habituales comienzan a determinar por sí mismas tus estados anímicos.

Los elementos de una emoción son tres:

  1. Una situación interna o externa, que genera sentimientos, ideas o recuerdos.
  2. El estado de ánimo consiguiente.
  3. La conmoción orgánica genera y expresada en gestos, actitudes, risa, llanto, etc.

Las emociones en sí no son buenas ni malas.   De hecho, bien canalizadas y enfocadas nos preparan para  los grandes retos y resultados.

Desde los años 90 hemos escuchado  hablar con más frecuencia de la “inteligencia emocional”, como la capacidad para captar las emociones  propias y de un grupo y conducirlas hacia un resultado positivo.  Si bien cabe aclarar que este talento se puede aprender y cultivar a nivel  personal y profesional.   La investigación y la práctica claramente demuestran que la inteligencia  emocional puede aprenderse.  Una cosa es segura: la inteligencia emocional se incrementa  con la edad, es decir, con la madurez.

Sé emocionalmente inteligente

Con práctica y perseverancia la inteligencia emocional te puede conducir a resultados duraderos  en tu equipo y en tu empresa.    Según  Daniel Goleman, los principales componentes de la inteligencia emocional son:

  • Autoconocimiento emocional (o conciencia de sí mismo): se refiere al conocimiento de nuestras propias emociones y cómo nos afectan. Es muy importante conocer la forma en la  que nuestro estado de ánimo influye en nuestro comportamiento, cuáles son nuestras cualidades y nuestros puntos débiles.   Por ejemplo: yo sé que tengo el carácter fuerte; cuando estoy  enojada procuro alejarme un par de horas de los demás para no lastimar a nadie.
  • Autocontrol emocional (o autorregulación): el autocontrol nos permite no dejarnos llevar por los sentimientos del momento.  Es saber reconocer que eso es pasajero y puedo escoger recordar mis mejores sensaciones y momentos o sacudirme el malestar.
  • Auto-motivación: dirigir las emociones hacia un objetivo nos permite mantener la motivación y fijar nuestra atención e intención en las metas a lograr, en lugar de ponerla en los obstáculos mentales. En esto es necesaria cierta dosis de optimismo e iniciativa, de forma que seamos emprendedoras y actuemos de forma positiva ante los contratiempos para comenzar a tener resultados diferentes.
  • Reconocimiento de emociones ajenas (o empatía): las relaciones sociales se basan muchas veces en saber calibrar las señales que los demás emiten de manera inconsciente y que son no verbales. Reconocer la expresión de estas emociones, es decir, aquello que los demás sienten, nos puede ayudar a establecer lazos más reales y duraderos con las personas de nuestro entorno. Este es el primer paso para entenderlas, identificarnos con ellas y huir con sabiduría justo antes de una discusión de antología.
  • Relaciones interpersonales (o habilidades sociales): una buena relación con los demás es una de las claves más importantes para mejorar nuestras vidas y para ganar puntos en nuestro empleo y entre nuestros compañeros y subor­dinados. Al dirigir un grupo, deben combinarse de la mejor manera los cinco elementos de la inteligencia emocional. Sólo así serás una líder sobresaliente.

La buena noticia, después de todo, es que la inteligencia emocional se puede aprender. En el plano individual, es posible identificar, evaluar y aumentar los elementos de inteligencia emocional. En el plano grupal, significa afinar la dinámica interpersonal que torna más inteligen­tes emocionalmente a los grupos. En el plano empresarial, revisar la jerarquía de valores para dar prioridad a la inteligencia emocional, en los términos concretos de contratación, capacitación y desarrollo, evaluación de desempeño y ascen­sos, entre otros importantes aspectos.

Así que la próxima vez que sientas que las emociones te rebasan, tómate un respiro, cuenta hasta 10, sonríe, piensa ón tus aciertos y sigue adelante con la conciencia que estarás dando el paso decisivo para mejorar tus relaciones, tu entorno y tus resultados a partir de tu mejor actitud y tu mejor estado.

Competencias emocionales exitosas

  • Iniciativa, motivación de logro y adaptabilidad.
  • Influencia, capacidad para liderar equipos y con­ciencia polí
  • Empatía, confianza en uno mismo y capacidad de alentar el desarrollo de los demá

¿Qué buscan los empresarios en ti?

  1. Capacidad de escuchar y de comunicarse verbalmente.
  2. Adaptabilidad y capacidad de dar una respuesta creativa ante los contratiempos y los obstá
  3. Capacidad de controlarse a sí mismos, con­fianza, motivación para trabajar en la consecución de determinados objetivos, sensación de querer abrir un camino y sentirse orgullosos de los logros conseguidos.
  4. Eficacia grupal e interpersonal, cooperación, capacidad de trabajar en equipo y habilidad para negociar las disputas.
  5. Eficacia dentro de la organización, predisposición a participar activamente y potencial de liderazgo.
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