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Motivación: el motor de las organizaciones

La motivación se ha descrito por Dorch autor del diccionario de la psicología como “el trasfondo psíquico, impulsor, que sostiene la fuerza de la acción y señala su dirección”.

“Motivación viene de motivo, y motivo viene del verbo latino moverse.  La motivación es como una fuerza motriz; mental en este caso.  Ha sido definida como el conjunto de las razones que explican los actos de un individuo, el motivo o motivo por lo que se hace una u otra cosa”.

Los expertos sugieren pasar con cada colaborador, por lo menos 15 minutos al mes en privado, de esta manera se establece un clima de confianza, de ser reconocidos y escuchados independientemente de hacedores de tal o cual cosa

La motivación proviene de nuestras necesidades, intereses, pensamientos, sentimientos, propósitos, inquietudes, aspiraciones o deseos.

La motivación es inherente al individuo y difícilmente “alguien” externo logra motivar verdaderamente al sujeto en sí. Es muy cuestionable que logremos que otra persona haga “algo”, aunque le convenga, a menos que exista el auto-convencimiento de que realmente le conviene. Esto nos lleva al siguiente gran tema que es la autoestima.

La capacidad de generar nuestra propia motivación está directamente relacionada con la autoestima y ésta a la vez es todo un proceso por el cual debemos estar atravesando constantemente. Sin embargo, con el entorno tan dinámico y competido que vivimos, nunca tenemos tiempo para abordarlo con seriedad.

Hay estadísticas que muestran que empresas que dedican tiempo, dinero y esfuerzo para motivar a su personal, han logrado incrementar su productividad considerablemente.

El mundo moderno nos ha hecho alejarnos de nosotros mismos, por consiguiente, nos ha vuelto dependientes del entorno para sentir que valemos pero cuando el reconocimiento no lo encontramos en la empresa, o en la casa, entonces surge la desmotivación, la apatía y hasta la depresión

El verdadero problema radica en el liderazgo, desde mi punto de vista y experiencia. La última década o más, la hemos dedicado a aprender a usar máquinas y hemos perdido contacto con las nuevas formas de pensar y actuar de los individuos, lo que está inhibiendo, en mucho, la productividad de las empresas. Las organizaciones han invertido más en tecnología que en aspectos relacionados con el factor humano.

Es vital recuperar la habilidad de interrelacionarnos con los otros, de otra manera seguiremos de mal en peor.

Lo ideal sería que cada uno fuera responsable por encontrarle sentido a su vida siendo automotivados, sin embargo, el mundo moderno nos ha hecho alejarnos de nosotros mismos y esto nos lleva a seguir dependiendo del entorno para sentir que valemos y somos reconocidos, cuando no lo encontramos en la empresa, o en la casa, entonces surge la desmotivación, la apatía y hasta la depresión.

Una manera de influir positivamente en la gente es conocerla. Requerimos interesarnos más en las personas que en su tarea en sí. Los resultados u objetivos propuestos, difícilmente se darán si la gente a cargo se siente ignorada, no escuchada o incomprendida. Los expertos sugerimos pasar con cada colaborador, por lo menos 15 minutos al mes en privado. Esto permite que se establezca un clima de confianza, de ser reconocidos y escuchados independientemente de hacedores de tal o cual cosa.

Mejorar nuestras habilidades en el liderazgo implica:

  • Supervisar: descubrir el potencial de cada colaborador.
  • Asesorar: guiar, dirigir, pero también enseñar.
  • Ser justos y saber ejercer presión en aquellos que lo requieran pero también conceder a aquellos que lo merezcan.
  • Reconocer los esfuerzos independientemente de los resultados.
  • Llegar a acuerdos que produzcan el compromiso de cada colaborador.
  • Promover la retroinformación que significa comunicación de ida y de vuelta.
  • Evaluar: el colaborador requiere saber claramente cómo va.
  • Y, finalmente, dar seguimiento a cada tarea encomendada

Por Jeannina Marín

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