Triunfadora

Saca a la triunfadora que vive en ti

Maria Elena llegó la primera vez a mi consultorio cabizbaja y triste, envuelta en una gran chamarra gris. Rubia, de lentes y con el pelo recogido, dejaba entre ver sus ojos azules y su rostro blanco y demacrado sin maquillar. Cuando comenzó la sesión me dijo que tal vez ella era así porque su mamá le había enseñado desde pequeña a “no llamar la atención”, porque eso molestaba a los demás.

Sin embargo, a sus 32 años, María Elena estaba peleando por un ascenso bien merecido por su trayectoria laboral y aquellas palabras de su madre retumbaban en su cabeza con una certeza absoluta una y otra vez, dirigiendo su aspecto, actitudes y resultados de manera inconsciente.

Hay más mujeres de las que imaginamos en este país como María Elena y si las agrupáramos haríamos una fila interminable de damas “vestidas de gris”, cuestionándose por qué si son tan eficientes, trabajadoras y encantadoras siguen congeladas en sus puestos, solas y postergando sus sueños.

¿Eres una de las mujeres “vestida de gris”, que se la pasa cuestionándose por qué si es tan eficiente, trabajadora y encantadora sigue congelada en su puesto, sola y postergando sus sueños?

María Elena desde los nueve años codificó en su cerebro que “llamar la atención” significaba “molestar a los demás” y que lo mejor para evitar tener problemas era pasar desapercibida. Recuerdo que le pregunté en aquella ocasión si le gustaba ser “la mujer invisible”, a lo que no me respondió y sólo se puso a llorar.

Cuando en tu cerebro se instala una creencia limitante como ésta y no estás consciente de ello, en algún momento de tu vida te estancas y haces todo lo posible para boicotear tus objetivos y sueños sin encontrarle una explicación lógica a lo que te está ocurriendo.

Asimismo, una creencia limitante no sólo corta tus alas, sino que afecta tu identidad, tu autoimagen y lo que le proyectas al mundo.

De acuerdo con los teóricos de la Programación Neurolingüística (PNL), una creencia es “una generalización que hacemos de nuestro mapa del mundo o sobre la relación existente entre nuestras experiencias.”

Las creencias también representan uno de los marcos de referencia más amplios para el comportamiento o las actitudes que tenemos. Cuando tú crees en algo, te comportas de modo congruente con eso que crees.

Las creencias funcionan en nuestra vida como un mandato, muchas de ellas son instaladas en nuestra primera infancia, principalmente de los cero a los siete años, por nuestros padres, profesores y amigos, entre otros.

Las creencias pueden moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, salud, creatividad, la forma en la que nos relacionamos y hasta qué tan plenos y exitosos podemos sentirnos y llegar a ser.

Cuando identifiques que tienes por ahí una creencia limitante cuyo origen desconoces, debes preguntarte, ¿por qué estás haciendo esto o por qué no lo estás haciendo y qué te ha impedido realizarlo hasta ahora?

Por ejemplo, si a ti te dijeron de pequeña:” ¡eres una inútil!” porque en algún momento hiciste algo mal o se enojaron tus padres, esa creencia quedó instalada en ti como un factor que te limitará en tu forma de actuar en algún momento.

Asimismo, si tus padres te dijeron: “tú eres la mejor”, también actuarás en consecuencia siendo una triunfadora en todo.

La identidad es el “mapa” o interpretación que tenemos de nosotras mismas y está basada en nuestras experiencias de vida y en la retroalimentación que recibimos de los demás, pero aquí lo importante es cómo nos presentamos al mundo y a la vez, es la única referencia de la cual disponemos para relacionarnos en él.

Si tú aprendiste a no destacar para no molestar a los demás posiblemente hoy estés sufriendo por no poder avanzar en lo personal o en lo profesional, y si tú aprendiste a ser una ganadora y tus padres elevaron consistentemente tu autoestima, seguramente has logrado todo lo que te has propuesto y más, estás satisfecha de ti misma y no conoces la palabra “límites”.

¿Cómo te trata el mundo?

El doctor Eduardo Diez opina que “la autoestima funciona como una profecía auto-cumplida. Muchas veces pensamos que el mundo no nos trata como merecemos. Sin embargo, la verdad es que el modo como nos trata el mundo es un reflejo de cómo nos tratamos a nosotras mismas. Una buena autoestima genera un ciclo de conductas expansivas, mientras que una autoestima deficiente genera actitudes autodestructivas”.

En general se define a la autoestima como el hecho de sentirme valioso (merecedor) y capaz (competente).

“Una autoestima que nos lleva al éxito es aquella convicción basada en mi experiencia de soy o tengo una identidad merecedora y competente, es decir que: 1. “Tengo derecho a satisfacer mis necesidades vitales  y a ser feliz y 2. Soy capaz de afrontar adecuadamente los desafíos fundamentales de la vida.

“Sentirme competente es sentirme capaz de manejar los retos de la vida, de establecer y lograr mis metas.  Es la capacidad de tener autocontrol y autonomía, de funcionar adecuadamente a pesar de mis limitaciones, errores u carencias.

“Ser competente asimismo, es tener la confianza de que soy el actor de mi propia vida, puedo tener el control sobre la misma y puedo conseguir lo que quiero.

“El merecimiento, en tanto, es estar convencido de que soy un ser humano digno de ser feliz, satisfacer mis necesidades, disfrutar de mis logros, ser apreciado, querido por mí mismo y por los demás. Es un sentimiento íntimo de valor e importancia como ser humano independiente de mis realizaciones concretas”

Las creencias pueden moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, salud, creatividad, la forma en la que nos relacionamos y hasta qué tan plenos y exitosos podemos sentimos y llegar a ser

Cambia tus creencias limitantes

Identifica una creencia limitante que ha obstaculizado de manera consistente tus logros y busca qué equivalencia  le has dado en tu cerebro.

  1. Imagina una pantalla blanca frente a ti y ubica esta creencia imitante. Identifica cómo la ves, escuchas y sientes y ahora toca tu rodilla izquierda, para ubicar que está ahí.
  2. Ahora piensa en una creencia absurda, tan absurda como imaginarte que van a salir dólares volando frente a ti en este momento, y ubícala sobre la creencia limitante tocando nuevamente y en el mismo lugar tu rodilla izquierda.
  3. Ahora piensa en algo respecto a lo que tengas una certeza absoluta, como podría ser que estás viva. Respira y toca tu rodilla derecha sintiendo exactamente eso, que estás viva y respiras a cada momento.
  4. Genera una nueva creencia que anule la que decidiste cambiar, por otra que te ayude a avanzar y cuando la tengas perfectamente definida, toca tu rodilla derecha con la certeza de que está nueva creencia es tan real como el hecho de que estás viva y respiras.

Por ejemplo, si tu creencia limitante es “llamar la atención, molesta a los demás”, cámbiala por “llamar la atención le agrada a los demás siempre”.

  1. Imagínate realizando esta nueva creencia en una semana, un mes, tres meses, seis meses, un año y el resto de tu vida fácil y saludablemente.
  2. Revisa cuál es tu percepción ahora respecto a la creencia limitante que tenías al principio. Si desapareció, te da risa o te parece ridícula has logrado eliminarla de tu vida.

Cuando yo sé que me puedo crear, yo decido con responsabilidad cómo me quiero crear y no soy más quien me dijeron que era y aquí lo maravilloso es que tengo la oportunidad de cambiar cuando me hago consciente de mis creencias.

La identidad es un conjunto de creencias que usamos para definir nuestra propia individualidad, lo que nos hace únicos, maravillosos e irrepetibles.

De hecho, nuestro sentido de certidumbre o seguridad acerca de quiénes somos, crea las fronteras y los límites dentro de los cuales vivimos.

Lo importante de lo que tú decidas creer de ti misma, es que esto vaya de acuerdo con tus valores, que sea congruente contigo y que te permita avanzar.

Recuerda que tú puedes decidir ahora brillar con toda tu fuerza y proyectar a la triunfadora que llevas dentro. ¡Atrévete ya!, te puedo asegurar que te sentirás mejor contigo misma y los demás se sorprenderán gratamente al ver tus cambios y luminosidad.

Por Martha Isabel Pasquel

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