Empleos no tradicionales

Trabajos del futuro: mujeres en empleos no tradicionales

Imagina una pareja formada por una mujer electricista y un hombre enfermero. Suena raro ¿no? Esta imagen sorprende porque los oficios y profesiones siguen estando clasificados en “trabajos para hombres” y “trabajos para mujeres”. Pero, aunque la mayoría de la gente no cuestiona que los empleos estén divididos por sexo, cada vez más mujeres se deciden a cambiar esta situación dedicándose a los llamados “empleos no tradicionales”.

Este artículo está dedicado a revisar los puntos a favor y en contra de estas experiencias laborales y cómo podemos replantearnos el futuro de los oficios y las profesiones de manera que sean más equitativas.

Sin saber con certeza desde cuándo comenzó la división sexual del trabajo, hoy la realidad nos presenta a mujeres que están rompiendo con los mitos, las críticas y los retos que implica entrar a un empleo no tradicional y están viviendo la experiencia de ser “las primeras” en determinados puestos

Trabajo de hombre y trabajo de mujer

Nadie sabe con seguridad cuándo comenzó esta historia, pero los antropólogos especulan que la llamada “división sexual del trabajo” es tan vieja como la humanidad misma y que la biología pudo ser el factor determinante en la separación de tareas a las que deben dedicarse mujeres y hombres. Debido a su capacidad reproductiva, ellas se ocuparon del cuidado de los hijos y del hogar, mientras ellos salieron a cazar, a pescar o a hacer cosas fuera de casa.

Como quiera que haya sido, la situación ha cambiado mucho en las últimas décadas y las mujeres prácticamente han invadido el mercado de trabajo en todo el mundo dejando atrás los tiempos en que incluso se las consideraba inca­paces de llevar una vida profesional.

Aunque es cierto que nuestros parámetros sobre las actividades “adecuadas” para cada sexo se han modificado bastante en los últimos años, la ancestral división sexual del trabajo permanece firme hasta nuestros días, pues bue­na parte de los oficios y profesiones sigue sien­do terreno exclusivo para hombres o para muje­res.

Un reporte de la Organización Internacional del Trabajo afirma que “las mujeres están sobre todo concentradas en las profesiones feminizadas como la enfermería y la enseñanza”, y agrega que ellas “continúan realizando peque­ñas incursiones en campos no tradicionales como el derecho, las tecnologías de informa­ción, la informática y la ingeniería”.

Se consideran trabajos “no tradicionales” aquellos donde las mujeres ocupan 25% o me­nos de las vacantes disponibles.

Durante la década pasada, el mayor incre­mento de mujeres dentro de los empleos no tradicionales se dio en los puestos de dirección y en los puestos profesionales. La participación femenina mostró un aumento en áreas como la ingeniería, las leyes y la medicina, aunque en la física y la astronomía este incremento no fue sostenido.

¿Por qué elegir un empleo no tradicional?

Pero, ¿qué motiva a las mujeres a entrar en territorios donde no siempre son bienvenidas? Existen diversas razones que llevan a las muje­res a emprender carreras en áreas dominadas por los hombres. La mayoría lo hace por voca­ción, pero otras más se sienten atraídas por el reto que implica ser las primeras mujeres en ambientes predominantemente masculinos o, sencillamente, porque estos trabajos suelen ser mejor remunerados que los empleos femeni­nos tradicionales.

Los empleos no tradicionales suelen ser mejor pagados para las mujeres y quienes trabajan en ellos ganan entre 20 y 30 por ciento más que en un trabajo tradicional. Por ejemplo, una operadora de una máquina de impresión (empleo no tradicional), puede ganar   más que la operadora de una máquina de coser.

Los empleos no tradicionales pueden dar a las mujeres una mayor autonomía y una gran satisfacción al aumentar sus posibilidades de desarrollo profesional ya que, al igual que los hombres, los intereses y habilidades de las mujeres son muy diversos y, al aumentar el número de trabajos que pueden realizar, es más fácil para ellas encontrar un trabajo que se ajuste a su personalidad, a sus habilidades y a sus intereses.

Además, los empleos no tradicionales suelen contar con escalafones que permiten el ascenso paulatino, de manera que las mujeres pueden ascender y lograr mejores beneficios.

Por si fuera poco, los empleos no tradicionales ofrecen a las mujeres mejores prestaciones que los oficios tradicionales, pues muchos de estos empleos están protegidos por sindicatos, cuentan con prestaciones, seguridad social y vacaciones pagadas.

Mitos sobre las mujeres y el empleo

Luego de ver los beneficios que ofrecen los empleos no tradicionales, surge la pregunta de ¿por qué si son tan buenos, existen tan pocas mujeres que deciden incursionar en áreas no tradicionales?

La respuesta a esta pregunta es simple y compleja a la vez, ya que se relaciona con una serie de mitos sobre las razones que motivan a las mujeres a trabajar y el tipo de trabajos que deberían desempeñar. Pero, justamente por tratarse de mitos, no hay una correspondencia entre lo que éstos predican y lo que sucede en la vida real, por lo que la organización norteamericana Work 4 Women se ha dedicado a analizar y responder estos mitos con el fin de ayudar a las mujeres a emprender nuevos caminos. He aquí algunos ejemplos:

Mito: Las mujeres que trabajan lo hacen para obtener ingresos “extra” para el hogar.                                           Realidad: La mayoría de las mujeres que trabajan lo hacen, al igual que los hombres, por necesidad económica. Las mujeres casadas, que generalmente cuentan con un marido proveedor, trabajan en una proporción menor que las solteras, separadas o las viudas. Además el número de jefas de familia ha ido aumentando de forma importante, y ellas tienen la misma necesidad que otros hombres de sostener a su familia.

Mito: Los trabajos donde las mujeres suelen emplearse (como la enfermería, la educación primaria, los servicios secretariales) pagan salarios similares a los trabajos donde se ocupan los hombres.                                               Realidad: Los empleos típicamente masculinos pagan 30% más que los trabajos típicamente femeninos. Pero incluso aunque las mujeres realizan trabajos similares, ellas suelen ganar menos que los hombres a nivel mundial. La Organización Internacional del Trabajo calcula que las mujeres ganan entre 20 y 30 por ciento menos que los hombres a nivel mundial.

Mito: Algunos empleos son claramente “trabajo de hombres” y otros “trabajos para mujeres”.                           Realidad: Las actitudes acerca de qué trabajos son apropiados para cada sexo son producto de la tradición y la socialización. La gran mayoría de los trabajos no tienen nada que ver con el sexo de quien los realiza. La destreza manual o la capacidad de cuidar de los otros generalmente se les atribuyen a las mujeres, pero también pueden encontrarse en los hombres.

Mito: El trabajo pesado o que demanda cierto esfuerzo físico no puede ser realizado por mujeres.                     Realidad: Muchos trabajos pesados que no se consideran adecuados para las mujeres han sido realizados por ellas en el pasado. A lo largo de la historia, las mujeres han realizado el trabajo pesado en el campo y en las fábricas. Durante la Segunda Guerra Mundial más de 6 millones de mujeres entraron a la fuerza de trabajo para construir embarcaciones, aviones y trabajar en las fábricas donde se necesitaba su mano de obra.

Mito: Las mujeres no son suficientemente fuertes para hacer trabajos pesados.                                                               Realidad: La fortaleza que requieren los empleos no tradicionales se exagera con mucha frecuencia. Muchos empleos no tradicionales (como manejar un autobús de pasajeros o un taxi) demandan menos esfuerzo físico que los quehaceres del hogar. Además, ciertos empleos tradicionales como el de enfermera o mesera, demandan tanto esfuerzo físico como otros empleos no tradicionales. Por si fuera poco, la mecanización ha disminuido el nivel de esfuerzos físicos en casi todos los trabajos.

¿Qué beneficios tienen?

A pesar de los mitos, las críticas y los retos que implica entrar a un empleo no tradicional, cada vez más mujeres en el mundo están viviendo la experiencia de ser “las primeras” en determinados puestos. Y precisamente un terreno que sigue fuertemente dominado por los hombres es el de los puestos de dirección, por lo que éstos siguen siendo considerados empleos no tradicionales para las mujeres.

Se consideran trabajos “no tradicionales” aquellos donde las mujeres ocupan 25% o menos de las vacantes disponibles, precisamente por eso los puestos de dirección, que siguen fuertemente dominados por los hombres, entran en esta categoría

Según Randall S. Hansen, experto en desarrollo profesional de la empresa Quintessential Carrers de los Estados Unidos, el principal punto a favor de los empleos no tradicionales es el beneficio intrínseco que generan al hacer sentir a las personas que pueden alcanzar sus sueños, así como la satisfacción que provoca el trabajo bien hecho.

Otro de los grandes puntos a favor -que puede ser potencialmente un punto en contraste ­es que la gente que está en empleos no tradicio­nales recibe más atención: “Si lo haces bien, esa atención es generalmente buena porque todos los trabajadores quieren ser reconocidos por su trabajo (aunque la atención puede gene­rar celos entre los compañeros). Pero si las cosas se complican, esa atención sólo amplifi­cará los problemas y añadirá presión a tu desem­peño”.

Un punto más en favor de este tipo de em­pleos es el impacto que tienen en la sociedad, ya que no hay motivo para que ningún sexo perma­nezca encerrado en cierto tipo de ocupaciones. Las primeras trabajadoras que lograron tener éxito en una carrera no tradicional pueden abrirle la puerta a otras. Además, no hay que olvidar que en el caso de las mujeres, los empleos no tradicionales pagan mejor que los empleos típi­camente femeninos, permitiéndoles alcanzar la seguridad económica de sus familias.

Un último punto es el equilibrio que logran toda clase de compañías al integrar equipos con hombres y mujeres, pues se ha demostrado que la diversidad enriquece los ambientes laborales al favorecer múltiples formas de enfocar los problemas y dar solución a los mismos

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